Traductor

miércoles, 28 de marzo de 2018

Ventanas rotas

Hoy ha llegado el adiós definitivo a la que durante cuatro años ha sido mi ciudad, hoy era el día que empacaba mis últimas pertenencias. Tus fotos, yaciendo junto a los versos que nunca te di, me esperaban anhelantes de que las ojeara una vez más.

No he podido evitar recordar en esta teoría, la de las ventanas rotas, ésta dice que cuando alguien ve un edificio, con todo su esplendor se fascina ante él y contribuye a mejorarlo; pero cuando encuentra un edificio abandonado, con las ventanas rotas, se siente tentado a romper una más, o dos, o todas, o hasta que le detengan.

No puedo evitar sentirme así, como ese edificio abandonado, al que te encontraste con las ventanas rotas, y poco a poco, como avanzan las fotos, rompías las ventanas. Y yo asistía impasible a tu paso por mis ruinas. 

No llegaba a entender cómo habíamos llegado a este punto, en estado de shock me quedaba mirando al infinito intentando vislumbrar que me escondia la vida. Y en realidad la respuesta era obvia: nada. Todo estaba ahí, cada una de tus piedras, en mis ruinas, entre los cristales desperdigados por el suelo. Pero de esto no te das cuenta con la primera piedra, ni con la segunda, si no cuando vuelves para cambiar los cristales. 

No va a ser fácil, pero recogeré los cachos, cambiaré los cristales y guardaré las piedras.

lunes, 8 de enero de 2018

Los años van pasando

2017, prometías y no defraudaste, me concediste todo lo que te pedí. Aunque siempre me queda un sabor amargo al hacer balance de un año, nunca se si es porque odio echar la vista atrás, que la Navidad no se cómo cuando era pequeño o porque nunca consigo dejar atrás un año sin arrepentirme de algunas cosas.

"Ojalá hubiera cogido la maleta y me hubiera ido antes", "ojalá me hubiera quedado en casa", "¿Por qué Madrid y no el País Vasco?"... Todas esas preguntas y más, todas con la misma respuesta, un alzamiento de los hombros, un suspiro y un "Yo qué se, al final solo soy un niño en un juego de hombres" .

Avaricioso sería pedirte lo mismo para este 2018, al final los años van pasando y no todo sigue igual, al menos se qué cuando te vayas, esta vez estaré en paz, así que me comprometo a no pedirte nada, como mucho no salir escaldado de este año.

Si algo he aprendido es que no he aprendido a caer de pie, ni bien. A este paso no necesitaré aprender a caer, porque me dará igual, nadie que me haga caer estará para verme en el suelo, ese es mi compromiso.

También he aprendido que da igual lo fuerte que te creas, acabaras cayendo, las noches en vela y las lágrimas en los ojos son para todos los que queremos o queremos querer, que a estas les sigue la frustración, la desilusión y finalmente la paz de la mar en calma donde mueren los ríos de lágrimas de las noches en vela.

Coge el timón, evita el pumba. Que ni en el mar en calma estamos libres de peligros.

viernes, 5 de enero de 2018

Bilis de Año nuevo

Una vez más, me pongo frente a un folio en blanco, con la única certeza de que no he querido nada con certeza últimamente.

Un día gris, un mueble sueco que casi me hace dormir en el sofá, y las tan ansiadas promesas de una ciudad llena luces que me hacían suspirar aún sin culminarse.

Hay días en lo que no ves el horizonte, días en los que estás perdido, pero éste no es de esos días, hoy es de esos días en los que ni siquiera ves el barco. ¿Hacía donde iba?. Sueños que se alejan, oportunidades que se pierden.

Ojalá me gustara el whisky, habría sido el culmen de un día en el que por azar, o no tanto, las canciones más melancólicas que recuerdas las vomita el aleatorio de mi reproductor, el capítulo de mi serie es más dramático que cómico y solo deseo irme a la cama para no dormir, tengo miedo a soñar, porque hoy no es un día para los sueños rotos.

sábado, 18 de marzo de 2017

660 y pico minutos

En poco más que no haya pensado puedo pensar ya, ésta es la última cuenta atrás, hoy embarco hacia ese océano sin una hoja de ruta muy clara, si te soy sincero, aún espero que vengas a despedirme al puerto y me digas que me quede, pero no lo harás, no estaría bien.

A día de hoy la única distancia que nos separa es la que hay entre nuestras pretensiones.

Tic, tac.

Ves el barco y ves el puerto, tan bien como yo, sabes cómo detenerlo, no soy un hombre de mar, aunque eso creo que ya lo has olvidado.

Tic, tac.

Tengo que hacer la maleta, se que es tarde, pero no creí que fuera a necesitarla.

Tic, tac.

Nunca me han pesado tanto las piernas como ahora, cada paso en la pasarela, cada paso para embarcar es como si me pisara el alma.

Tic, tac.

Supongo que no hay otro remedio.

viernes, 10 de marzo de 2017

Menelao

Menelao, ciego de amor, no vio como Helena no le correspondía y ciego de amor perdió la vida a las puertas de Troya. Tan ciego estaba que no se dio cuenta de que su hermano y su mujer le estaban manipulando, hasta el punto de que este amor le costó la vida.
Gracias Menelao por abrirnos los ojos y ver que si el amor y el esfuerzo no es recíproco acaba matando, tu sacrificio no ha sido en vano.
En el amor no importa cuánto des, siempre y cuándo recibas lo mismo.

lunes, 13 de febrero de 2017

Vietnam 2.0 (los cuernos que no dejaron de sonar)

Puede que esta guerra estuviese perdida antes de empezar, si fuese el caso solo lo que por ti sentía me invitó a luchar.
Puede que desoyera todos los cuernos que invitaban a la retirada, no lo sé, estaba sordo por las balas que mis sentimientos lanzaban contra tu resistencia.
Puede, y solo puede, que está vez haya salido vivo.
Puede y solo puede, que esta vez yo haya sido tu Vietnam.

domingo, 6 de marzo de 2016

Motor del mundo.

Que avanzamos es innegable, la dirección nunca está clara, ni siquiera el destino, sólo sabemos que avanzamos. Derecha, izquierda, derecha, izquierda... Ya estamos más cerca.
¿De dónde?. No lo sé, sólo sé que una vez que nos hemos fijado un objetivo por el qué luchar el camino se hace menos pesado.
Derecha, izquierda, derecha, izquierda...
No sé qué viene primero, en mi caso fue por qué lucho, el para qué lo descubrí hace mucho. Y con el tiempo me he dado cuenta que a todos nos mueve lo mismo, el amor( qué sorpresa, ¿no?).
El amor a la ciencia, el amor a la familia, el amor a uno mismo,el amor hacia los demás, cada uno debe encontrar su motivo por el que luchar, y todo lo demás irá viniendo.
Me pasé 20 años decidiendo hacia dónde ir, y ahora lo sé.
Me pasé 19 años sin saber por qué luchar, y ahora que lo sé, nunca lo olvidaré.