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martes, 29 de diciembre de 2015

Señora Saeki de Kafka en la orilla

La señora Saeki pensaba que la felicidad se dividía en grados y que era posible llegar al máximo grado de felicidad, pero que tan pronto como este estado de felicidad máxima pasara nuestra vida no  volvería a ser igual. Dejaríamos de vivir para simplemente sobrevivir, diluyéndonos en la sociedad, perdiendo nuestra luz propia. Biológicamente el  tiempo seguiría pasando, pero para nuestra alma se habría detenido en el mismo momento en que nuestra felicidad empezó a descender en esta escala para nunca volver a llegar a la cima.
En este caso la señora Saeki se refería al amor, ella estaba segura de que nunca podría ser tan feliz como ya lo había sido, y su vida no volvió a ser igual, seguía siendo feliz, sonriendo, pero en su interior moraba una tristeza propia de quién sabe que no era suficiente, que se podía ser más feliz.
Es una forma muy pesimista de ver la vida, pero a la vez real, algún día llegaremos al cénit de nuestra felicidad, y cualquier cosa "menos feliz" nos sabrá a poco.
Hay dos formas de afrontar este hecho, la primera y más triste es dejar que nos invada la nostalgia y la depresión por no volver a ser tan felices. Por otro lado podemos regocijarnos y disfrutar de lo felices que fuimos, recordar con alegría que fuimos felices y seguir disfrutando de la vida, aunque no sea igual, a fin de cuentas seguimos siendo felices.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Poniendo palabras a mi situación.

Como mencioné anteriormente, he tomado algunas decisiones drásticas últimamente. Pero no ha sido hasta hace poco que he podido expresarlo claramente.
"En esta vida avanzamos más rápido si sabemos hacia dónde  vamos". Esas fueron las palabras de un señor, que yo considero sabio, que me dijo que tenía que tener un objetivo en la vida y encaminarme hacia él.
Algo tan obvio no es tan fácil de llevar a cabo, al tomar este camino me he dejado algunas personas que espero que algún día me vuelva a cruzar. Mientras tanto seguiré caminando, sin mirar atrás, salvo en los domingos nostálgicos a los que me he abonado.